¿Qué no es un gestor cultural?

Un problema con los profesionales de la gestión cultural es la dificultad de definir con certeza a lo que se dedican o qué caracteriza su trabajo. Este es un ejercicio para descartar lo que no es un gestor cultural.
Cristhian Rojas

Cristhian Rojas

Máster en Gestión Cultural por la Universidad Carlos III de Madrid (España) y comunicador por la Universidad de Piura (Perú). Creo que el arte y la cultura son un motor para reflexionar sobre el sentido de nuestra vida y mejorar como personas. Es por ello que comparto contenido para mejorar tu trabajo en el sector cultural.

Desde hace un tiempo, utilizo lo que llamo «definición en negativo». Creo que es una buena fórmula para clarificar conceptos (o un intento de), sobre todo cuando se trata de cuestiones que, como «cultura» o «arte», no suelen reposar en bases sólidas (a ver, que son difíciles de definir) o que no se ha logrado un consenso al respecto.

Esto sucede también con la gestión cultural y sobre todo con lo que hacen los profesionales que se dedican a ella. Ya te había mencionado en los inicios de este blog, lo que considero su principal problema. Esta vez, en lugar de inmiscuirme en vericuetos conceptuales sobre qué es un gestor cultural, prefiero mencionarte lo que no es. Lo haré desmarcando su hacer del de otras 3 profesiones y mencionando 2 cualidades que no lo caracterizan. ¡Empezamos!

«…un artista no debería preocuparse por lo concerniente a la gestión de su obra o carrera artística.»

1. No es un artista

El gestor cultural trabaja con el arte y la cultura. Que los gestiona, caray. Y, para no perdernos en el concepto de «gestión» (que puede ocasionarnos otro problema), vale decir que, en su caso, con ello busca acercar justamente el arte y la cultura con la sociedad. Y ese acercar lo convierte en un mediador o un hacedor de puentes. Todo esto teniendo conocimientos sobre distintas materias como comunicación, derecho, historia, tecnología, diseño, gestión, y un largo etcétera. El artista, por su parte, se dedica al arte.

Por supuesto, un artista puede dedicarse a la gestión cultural, e incluso autogestionarse. Pero, en principio, un artista no debería preocuparse por lo concerniente a la gestión de su obra o carrera artística. ¿Me explico? Siendo muy estrictos con los términos, un artista debe estar enfocado en su hacer artístico. Por supuesto, en los tiempos que corren, me parece que son contados aquellos que pueden dedicarse exclusivamente a ello.

2. No es un guía turístico

Creo que con este punto me puedo meter en un problema, pero vamos a ello. Lo digo porque en algunos países, como Perú por ejemplo -y España, algunas veces-, el sector turístico y cultural suelen tener sus encuentros, muchas veces poco beneficiosos para los ciudadanos (presupuestos, organización, políticas). Y si esto es un problema macro, a un nivel micro la tensión ocurre en cuanto a si un gestor cultural puede hacer las veces de guía turístico, y viceversa.

Mi opinión es que no (debería). Un gestor cultural no es un guía turístico. Hay muchas intersecciones en su trabajo, claro. Pero quiero arriesgarme a ensayar con esta respuesta (pueden amarme u odiarme). La Real Academia Española (RAE) define al turismo como la «actividad o hecho de viajar por placer», lo que nos lleva a pensar que el trabajo del guía turístico se centra en esa experiencia. Luego, el gestor cultural, como ya mencioné, actúa de mediador, y en sus estrategias, por supuesto, puede intervenir el turismo, pero no centra su atención en él.

3. No es un azafato

Y aquí quiero ser bien claro: esto de ningún modo va en un sentido peyorativo. No estoy desmarcando al gestor cultural de otros profesionales en función a su valor, sino en cuanto a lo que conllevan -o no- sus funciones y modo de trabajo. Dicho esto, pues no somos azafatos, aunque algunas veces hayamos tenido que realizar algunas de sus funciones (mira, que yo lo he sido).

No recuerdo que en América se utilice esa palabra para denominar al encargado de proporcionar información y ayuda a los asistentes de un evento (por ejemplo). ¡No confundir el término con los auxiliares de vuelo! Que me perdone alguno si lee esto y puede llevarle a un mal entendido.

4. No es un especialista

El gestor cultural tiene una visión holística. Esto es, que ve el bosque y no se queda solo en el árbol. ¿Pero qué es lo que ve? El sector cultural, y las dinámicas y tensiones que se generan entre sus actores, incluyendo, por supuesto, a la sociedad. Todo esto con el fin de tender esos puentes que mencionaba en el punto 1. Ahora, ¿debería especializarse? Yo creo que sí. Y si lo escrito te suena contradictorio, lo aclaro.

Es importante, durante toda la trayectoria profesional, mantener esa mirada panorámica de cómo se está moviendo el sector. Esto nos hace aptos para pensar estratégicamente. Pero, para efectos prácticos, es importante adquirir experiencia (expertise) en un campo concreto. Es que aquí interviene mucha subjetividad en cuanto a dónde te diriges en tu carrera. Va ejemplo: si quieres encaminar tu carrera hacia la gestión de museos, no puedes perder de vista cómo este tipo de instituciones interactúa en el sector, y, al mismo tiempo, adquirir formación y experiencia propia a esta. Por tanto, un gestor cultural no es un especialista en el sentido que nunca pierde su visión holística, se dedique a lo que se dedique en concreto.

5. No es un operario

Aquí cabe la aclaración del punto 3. En pocas palabras, un trabajo operativo es aquel en el que se llevan a cabo actividades de manera repetitiva que generan un producto o proveen un servicio. Ni más ni menos. Podemos pensar, por ejemplo, en trabajos de fábrica o lo que se relacione al ensamblaje de piezas acorde a una secuencia estipulada. ¿Vieron «Tiempos modernos» de Chaplin? Pues eso.

La gestión cultural no va de esto… No se trata de repetir y repetir, para obtener un producto, o para así ofrecer un servicio. De hecho, desde que me dedico a ella, ningún día ha sido igual, aunque haya hecho tareas similares. Imagino que esto es por el mismo dinanismo del arte y la cultura, y, por tanto, la gran dosis de creatividad que debe haber en su gestión. Pero de este último punto ya hablamos otro día…

Una reflexión final

Mencionado lo mencionado y aclarado lo aclarado, cabe añadir una reflexión final, que da pie a otro debate que obviamente no trataré ahora: ¿si tenemos conocimiento de gestión cultural, significa que no debemos dedicarnos a tareas que tengan que ver con estos puntos? Hombre, no es eso.

Esto va más sobre zapatero a su zapato… Pero, si de vez en cuando, a fuerza tenemos que pegar una suela (porque no hay alguien más, porque esto nos llevará a otro punto), pues lo hacemos, asumiendo las responsabilidades que ello conlleva.

Eso es todo. Ya sabes que leo comentarios siempre, así que aquí yo siempre dispuesto a debatir.


Aún hay mucho por definir en cuanto a lo que es la #GestiónCultural, y por ello mismo urgen los intentos por su profesionalización. Suscríbete y te enviaré contenido para mejorar tu trabajo en el sector cultural.

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