¿Por qué nos afecta tanto la muerte de un artista?

Cada vez que un artista se va, tendemos a publicar sobre su impacto en nuestra historia personal. ¿Por qué lo hacemos? ¿Qué relación tenemos con él?
Cristhian Rojas

Cristhian Rojas

Máster en Gestión Cultural por la Universidad Carlos III de Madrid (España) y comunicador por la Universidad de Piura (Perú). Creo que el arte y la cultura son un motor para reflexionar sobre el sentido de nuestra vida y mejorar como personas. Es por ello que comparto contenido para mejorar tu trabajo en el sector cultural.

Este lunes por la mañana vi por Instagram algo que sucede a menudo cuando un artista fallece: publicaciones de personas que, de algún modo, le rinden homenaje y mencionan cómo han influido en sus historias personales. Ya he escrito que este blog es sobre gestión cultural y que nuestro trabajo y del artista, a pesar de estar ligados, no son lo mismo, y lo mejor es que no se confundan. Sin embargo, me es inevitable pensar por qué pasa lo mencionado con los artistas, ¿qué hace que nos afecte tanto su partida?

Mi maestro de cine nos decía que el éxito de las llamadas obras maestras radicaba en su universalidad. Mencionaba, con el ejemplo de la cinematografía de Chaplin, que si proyectabas sus películas ya sea en América, en Asia, en África o en cualquier parte del mundo, estas siempre provocaban un efecto similar. A pesar de los distintos códigos culturales (como el idioma, aunque esto no aplica en las películas mudas, claro), todos los seres humanos logramos entender (o, al menos, nos aproximamos) a lo que quiere transmitir un artista en su obra (sea la disciplina que sea). Podemos estar de acuerdo o no, por supuesto, sentir cercanía o rechazo, pero hay algo que nos conecta.

Ser humano

Este blog no pretende ser un aporte académico en cuanto a estudios culturales, ni mucho menos filosofía o antropología. Tengo unos cursitos en mi haber de estos últimos, aunque nada suficiente para hablar con autoridad. Aún así me atrevo a decir que ese algo que nos conecta con el artista y su obra no es más que el ser humano (¿humanidad? ¿Naturaleza humana?). Lo que hace que nos identifiquemos son todos aquellos valores que compartimos solo por el hecho de ser humanos. Todos hemos sentido tristeza, envidia, odio, disgusto, cobardía, soledad, miedo, pero también alegría, confianza, paz, fortaleza, placer, júbilo, amor. Y todo esto lo podemos experimentar a través del arte (de nuevo: cualquiera que sea su expresión).

Es así que, sin importar donde hayas nacido, y dependiendo del acceso al arte y la cultura que hayas tenido, ya habrás forjado alguna relación con un artista. Tengo otro maestro que me decía que bastaba con pensar en alguien para afirmar que tenían ya una relación (¡vaya!). Y aquí podría recalcarles lo relacionado a las audiencias, pero hoy estamos menos de formación y más de reflexión. La desolación y tristeza que nos deja el darnos cuenta que no producirá más obras que conecten con nosotros es también consecuencia de esa relación, y un motivo que nos lleva a homenajearlos con publicaciones.

Ya les decía que no soy un experto, y ahora estoy en un aprieto, ya que el arte, para mi, no debería quedarse en la emoción, sino que debe conducirte también a la reflexión. Pero eso será un lío en el que nos meteremos en alguna otra publicación.

«¿Cómo te recordarán mañana si es que hoy fuese tu último día?»

Memento mori

Esta debe ser la tercera vez que lo menciono en el blog, que mi intención no es ser un coach, pero ya que estamos en estas reflexiones, ¿cómo te recordarán mañana si es que hoy fuese tu último día? Si eres un artista, ya sea que pintes, esculpas, bailes, actúes, hagas cine o fotografía, escribas, ¿qué dirán de ti aquellos que te siguieron durante su vida?

Y fíjate que no pregunto sobre qué dirán los medios de comunicación, o si hará un homenaje póstumo el Ministerio de Cultura de tu país, por ejemplo. Me importa más el impacto en las personas de a pie, en aquellas que escuchan tus canciones en el metro, leen tus libros en el bus, van a tus obras de teatro después de trabajar todo el día, y, claro está, a todos aquellos a los que formaste en alguna disciplina artística (que empezaron con temor, pero que al final se volvieron unos expertos gracias a tu enseñanza).

Cuando debas marchar, ¿habrá alguien en algún rincón del mundo que suba una foto tuya, a quien no conociste quizá, pero que, de alguna manera, con tus canciones o con tus películas, inspiraste? ¿Algún alumno tuyo escribirá un texto recordando tus clases y agradeciendo cuán buen maestro fuiste al enseñarle a actuar o a bailar? ¿Trabajas para el aplauso o para ellos? Memento mori, recuerda que morirás, así que aprovecha el hoy y emociona. Impacta en ellos.

El gestor cultural detrás del telón

Retomando el norte de esta plataforma, que es mejorar el trabajo del gestor cultural, toca preguntarse qué pasa cuando este fallece (y no es artista, claro). Lo siento si esto les produce tristeza, pero es probable que poco, porque es un trabajo que suele permanecer en la sombra. Y no hay absolutamente nada malo con ello. Nuestra misión ha de ser distinta a la del artista. Pero ello no quiere decir que gestionar cultura no impacte; de hecho, como cualquier otra profesión, lo hace, pero su visibilidad es menor. De todas formas, si trabajásemos solo por los aplausos, pues ya es un mal punto de partida.

P.D.: Ya han de imaginar que todo esta publicación se inició por la partida de Ennio Morricone. Nunca lo conocí (¡ya hubiese querido!), no fui a un concierto suyo, pero lo sentí cercano por todas sus composiciones que escuché a través del cine. No soy un cinéfilo ni un experto, pero sí un ser humano más que se emociona. Y ya han visto que eso es suficiente.


Cada cierto tiempo dejamos de hacer #GestiónCultural y pensamos en por qué lo hacemos. Si te mola, suscríbete, que un día moriremos y tenemos mucho por hacer y aprender:

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